viernes, 28 de agosto de 2009
Taxi II
Hace un rato me tomé otro taxi y estaba el mismo muchacho. Hizo exactamente lo mismo. Me habló de su técnica, sus estudios con el tano y en determinado momento tiró una nota enloquecida.
¿Se lo hará a todos sus pasajeros o me pasa sólo a mi?
lunes, 23 de marzo de 2009
Triste miss 15
Para empezar, yo NO QUERÍA ningún tipo de festejo. Mi única pretensión era una guitarra eléctrica (y me regalaron una electroacústica), pero mi madre insistió en organizar al menos una reunión chiquita para familiares y amigos más íntimos.
Como toda madre loca, soñaba con ver a su hijita mayor entrando a su fiesta envuelta en una maraña de tules y volados blancos, de fondo sonando "I Don't Wanna Miss a Thing" de Aerosmith o el tema de La Bella y la Bestia, bailando el vals un montón de parientes emocionados, y encabezando "el trencito" en el carnaval carioca con un sombrero colorinche y maracas en ambas manos. Sabiendo que la sola idea de ponerme un vestido blanco me descomponía, me propuso alquilar el bar de un compañero de trabajo y hacer todo informal. Yo accedí, como una pobre ilusa, bajo la condición de que sonara únicamente la música que a mi se me antojara.
No sólo resultó que el bar era un antro espantoso (los platenses seguro lo conocen: BOBI'S) sino que el inútil e improvisado DJ pretendía pasar cumbia toda la noche, haciendo caso omiso a la lista que le preparé. Durante TODA la noche sonaron los tres discos que me llevaron de regalo: uno de The Strokes, uno de The Vines y el mejor, un compilado de punk rock de los 90's. Para la décima vez que se escuchaba Flemita yo ya tenía un ataque de nervios.
Como si fuera poco, mi madre había prohibído rotundamente el alcohol, y mis compañeros del colegio repetidores (de entre 17 y 20 años) se estaban empezando a aburrir notablemente, mientras que otros directamente se fueron a un boliche.
Para el brindis yo ya estaba considerando encerrarme en el baño a gritar, y para cuando más de la mitad de los invitados se habían ido y el DJ volvió a pasar cumbia, dejé de considerarlo y lo hice.
No pude disfrutarlo mucho, porque en minutos me encontraron unas amigas, que me buscaban para avisarme que mi mamá estaba muy enojada porque no le gustaba mi cara de culo y porque no le estaba dando souvenirs a la gente que se estaba yendo.
Terminé la noche sentada en la puerta mientras un compañero se escondía atrás mío para tomar droga por la nariz. Fue cualquiera. No entendí nada.
martes, 10 de marzo de 2009
¿Papelonera, yo?
Sujeto de la inyección: No te dará miedo, ¿no? es un pinchacito nomás...
(Yo: cara de terror)
-¡No me digas que te da miedo! ¡Con todo eso que te hiciste! (señalándome los piercings y el tatuaje)
(Yo: cara de culo)
-Ese que tenés en la nariz seguro que te dolió mucho, porque ahí no tenés carne, es como re duro, es esa cosa...
-Cartílago (le digo, poniéndome pálida)
-¡Claro! ¡Eso, cartílago! Je je je.
(En ese momento no pude evitar recordar cómo me dolió, y como casi me desmayo cuando me lo hice)
-Bueno, relajate, es un segundito.
Y ahí nomás, el salvaje me pellizca el brazo y me clava la aguja. Entonces empecé a enloquecer. Por mi cabeza empezaron a pasar ideas como:
"¿Este tipo sabrá dar inyecciones o será un loquito?"
"¿Es normal que me duela tanto?"
"¿Y si me está inyectando aire?"
"Darse vacunas no es algo normal. No entra más nada en mi brazo, ¿cómo lo va a obligar a tragarse líquido? ¡NO ENTRA!"
"Que no me baje la presión, que no me baje la presión, que no me baje la presión"
Sujeto de la inyeccion: Bueno, listo. ¿Y? ¿Te dolió mucho?
-Creo que me bajó la presión... (pálida como la pared)
-Bueno, bueno, tranquila, quedate sentada. No hay apuro.
Yo, que me quería ir corriendo lo antes posible, me levanté y fui a buscar a mi madre que me estaba esperando afuera. Pero antes de llegar se me aflojaron las piernas y me tuve que agarrar de un mostrador.
-Uuuh, sentate, sentate (acercando una silla)
Me senté dos segundos y otra vez me quise ir corriendo. Si no hubiese estado tan pálida por la baja presión, hubiese estado roja de vergüenza.
Estaba llegando a mi mamá cuando otra vez se me aflojaron las piernas, pero también se me durmieron las manos y me quedé casi ciega.
Mamá me agarró del brazo y una mujer gritaba "¡señora, siéntela en el piso! ¡señora!"
Prácticamente me tiré al piso, y al instante había como cinco clientes chusmas en ronda mirándome, un farmacéutico tomándome la presión, una empleada acercándome una cucharita con azucar a la cara, un tipo ofreciéndome chicles y mi mamá, que no sabía qué hacer, gritándome "¡dame la cartera Guadalupe, yo te la tengo! ¡dámela, dale!".
Y yo que pensaba:
"Me quiero ir, me quiero ir, me quiero ir"
"Que se vaya esta gente, por favor, que se vaya, que no me toquen"
"Tengo miedo de pararme, desmayarme y romperme un diente o la nariz"
miércoles, 4 de febrero de 2009
Lucy
A la mitad del submarino amarillo Lucy empezó a hacerse notar y todo fue una fiesta. Nos reímos como locas y dibujamos a los gritos. De fondo sonaba el Sargento Pimienta y no podíamos creer lo perfecto que era todo. Trompetas y crayones. Retratos de ojos enormes. La gata sobre la mesa queriendo rasguñarnos las manos. "Es lo mejor del mundo" dijimos varias veces.
Pero un rato después se fue todo al carajo, y de reírnos a los gritos mirando un álbum de figuritas de Harry Potter pasamos a repetir a cada rato "está todo bien", al principio riendo, después temblando. Y cuando nos sentamos a ver Utilísima supimos que no había vuelta atrás.
Qué pelotudas.
miércoles, 19 de noviembre de 2008
La vieja
Hoy fui a plaza Moreno, donde hubo recitales y amontonamiento de gente con motivo del cumpleaños de La Plata.
Lo que para la mayoría de los jóvenes es un evento entretenido en el que disfrutan de bandas o de encontrarse con un montón de conocidos que fueron a hacer lo mismo, para mí es una cosa espantosa.
A mí me significa:
-Bancarme a la ridícula de Valeria Gastaldi chillando o a Emanuel Horvilleur aullando.
-Sentarme en el pasto pinchudo toda encorvada hasta que me duela la espalda.
-Cruzarme con conocidos detestables y, hacerme la simpática, saludarlos e inventar un cruce de palabras incomodísimo, o planear una estrategia para que no me vean o crean que no los vi.
-Tolerar que me vengan a vender pan casero un mínimo de cinco veces.
-Recorrer toda la plaza buscando un lugar con sombra, libre de niños, intentos de futbolistas, grupos numerosos o policías. Resumiendo: seres humanos. Preferiblemente alejado del escenario, para no tener que hablar a los gritos por la música a volumen "fiesta de cumpleaños de La Plata".
-Dejarme palpar y mostrarle el contenido de mi mochila a un policía que me dice: "¿Traés botellas? ¿Cerveza, fernet con Coca Cola?" y al ver que solamente llevo cuadernos: "Ah, no, vos venís a aburrirte".
-Tratar de explicar vía mensajes de texto las coordenadas exactas de mi ubicación en la plaza a alguien que quiera encontrarme, o al revés, entender las que me indiquen a mí, que suelen ser de lo más específicas: "estamos en la plaza, cerca de un árbol".
-Esquivar un mínimo de diez pelotazos dirigidos hacia mi cabeza (por supuesto, no consigo un lugar con sombra y espacio libre alejado de intentos de futbolistas).
Eso, en rasgos generales. Específicamente, el de hoy, fue un aniversario el doble de horrible, ya que:
-Tenía una indesición térmica en el cuerpo que, combinada con el clima enloquecido, me hacía abrigarme y desabrigarme a cada rato.
-Una borrega, de manera alevosamente intencional, me pisó la mochila.
-Un vendedor de panes no quería entender que yo quería un pan relleno, y no una trenza con crema pastelera.
-Vacunaban gratis contra la rubéola y el tétanos. Me di las dos, y ahora me duele el brazo derecho al pedo, porque ya me las había dado antes y no me acordaba.
lunes, 22 de septiembre de 2008
Transformer
Un día fue el cumpleaños de mi novio, pero no le hice un regalo porque no tenía plata.
Más adelante, mi mamá me dijo que me iba a ayudar a comprarle alguna cosita. Me aconsejó regalarle algo de ropa, pero yo se muy bien que a él no le hubiese gustado jamás.
Estuve pensando varios días qué regalo lindo podía hacer con la no escasa, pero sí limitada cantidad de dinero que me dio mi madre, hasta que me acordé: hacía poquito que se había puesto como loco por un transformer increíble que había visto en la vidriera de una juguetería.
Le gustan mucho los transformers, y a mi me hubiese encantado regalarle ése. El problema era que salía exactamente tres veces más de lo que yo podía gastar.
Afortunadamente, recordé que cuando me lo mostró en la vidriera, al lado del transformer caro había uno más modesto y barato.
Un tiempo después le dije a él: "tengo que ir a comprar algo" y me fui muy canchera y haciéndome la misteriosa a la juguetería y le dije al muchacho que atendía: "Hola, tenés transformers?" a lo que me respondió: "sí" y me los mostró: el carísimo y el modesto.
No quise ni mirar a los super transformers carísimos y me enfoqué en los modestitos.
Tras pensarlo mucho, me decidí por uno azul, pero me arrepentí y terminé eligiendo uno verde que tenía alas. Me pareció re coqueto y pensé que a mi novio le iba a encantar.
El bicho se transformaba de nave espacial super copada a robot imponente con alas galácticas.
Muy contenta, me encontré con él, que me preguntaba curioso a dónde había ido y qué había comprado. Yo me hacía la misteriosa, esperando el momento perfecto para hacer "¡TATÁAAN!" y darle el juguetito, que él recibiría emocionado.
Momento que se pospuso bastante porque el tipo estaba medio de mal humor y me daba bronca darle semejante regalo cuando se estaba portando tan mal conmigo.
Finalmente, me sacó la mochila, la abrió y vio la bolsa de la juguetería.
-¿Un juguete? ¿a quién le compraste un juguete? ¿cumple años alguno de tus primitos?
Yo, espectante y sonriente, esperaba que lo saque de la bolsa y se vuelva loco.
-¿Y esto? ¿un transformer? ¿para quién es?
Me extrañó la falta de emoción que yo esperaba, pero intuí que era porque no sabía que era para él. Lo miré.
-¿Es para mí?
Yo asentí esperando el ataque de amor.
-Ah... pero si es para mi no me gusta...
Me quedé helada esperando que me dijera que era un chiste, que le encantaba y que quería arrancarlo inmediatamente del paquete. Se debe haber dado cuenta, porque me dijo:
-En serio... no es el tipo de transformers que a mí me gustan. Es para nenes muy chiquitos, ¿no ves? en la caja dice '+ de 3 años'. Mirá, a este le movés esto así y asá y ya está, se transformó. Además no tiene sentido, no tiene forma de nada...
Pero yo lo interrumpí y le dije : -¿cómo que no? ¡tiene forma de nave espacial!
-Sí, pero una nave inventada, no me gusta. A mí me gustan los que se transforman en cosas, en un camión, ponele. Esa es la magia, que un objeto cotidiano en realidad sea un robot del espacio.
-Ah...
-¿No se puede cambiar? ¿cuánto te salió?
-Msñnssmbsbss....
-Jajajaja Wada, compraste como una mamá- y se puso a contarme de sus muchas decepciones con regalos que le hicieron sus familiares durante su infancia, como cuando le pidió a su abuela un "robot que viene del espacio" y le compró un "muñeco de plástico blando de E.T".
Y ese fue el día en el que me sentí más estúpida que nunca en toda, pero absolutamente TODA mi vida.