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martes, 15 de septiembre de 2009

Extraños

Lo que quiero contar es complicado. Aunque no parezca, me tortura desde la infancia llenándome de vergüenza. Es de esos recuerdos que se le aparecen a uno acompañados de rechazo y angustia.
Pero como este blog me ha ayudado mucho a convertir situaciones vergonzosas en simples anécdotas patéticas y un poco graciosas, lo cuento. Ya está.
Cuando era chica, MUCHAS veces confundí gente en la calle con los adultos que me acompañaban en ese momento, y llegué a conversarles o intentar darles la mano. Nunca trascendió demasiado el error. Los extraños se limitaban a reírse o señalarme a mi verdadero adulto.
Pero hubo una vez que no me olvido más. Mis padres estuvieron mirando una vidriera durante horas (en tiempo de niño). Se ve que mis ganas me hicieron ver cualquier cosa, porque de repente pasaron unas piernas adelante mío y yo me trepé a un bolsillo, como hacía con mi papá.
Caminé kilómetros (en distancia de niño) agarrada al bolsillo de un extraño, hasta que una mano me tocó la cabeza, miré para arriba y un viejo me devolvió la mirada riéndose como loco.
Me solté y volví sobre mis pasos. Mis viejos me miraban desde la misma vidriera riéndose también.
Y a mi me re molestaba que se rieran de mí.










Ah, y ahora miren mis pipunis:
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miércoles, 3 de junio de 2009

Actriz

Últimamente varias personas me insiten con que tome clases de teatro, que podría ser buena actriz, que me serviría para deshinibirme, y blablabla.
A todos ellos, tengo dos cositas para decirles:
1- TODOS actuamos bien cuando se trata de jodas telefónicas o de cualquier tipo, no exageremos.
2- Mi mamá tuvo la brillante idea antes que ustedes y me mandó a teatro a los 8 años. Fui a una sola clase y las cosas horribles y ridículas que me pasaron se sucedieron masomenos en este orden:

-Ni bien empezó la clase, nos sentamos en ronda y teníamos que presentarnos. Cuando dije mi nombre, mis compañeros (que ya se conocían) dijeron "¡Uy! ¡Otra Guadalupe! Pero esta es trucha. Están la Guadalupe de verdad y la Guadalupe trucha". Buenísima onda.

-Por X motivo, todos empezaron a contar anécdotas de sus vacaciones. Cuando me animé a hablar y quise contar que ese verano yo había visto muchos pescados muertos en las playas de San Clamente, el profesor me dijo "¡SHHHHH!".

-Tuve el siguiente diálogo con una nena:
Yo: ¿Querés ser mi amiga?
Nena: No.

-El ejercicio de la clase era formar grupos, cada uno le asignaban una canción y había que representarla de alguna manera. A mi grupo le tocó una romántica de Chiquititas.
La representación se trató de que una nena con peluca multicolor, ubicada en un extremo del salón, estiraba las manos como desesperada por alcanzar a un nene con sombrero en el otro extremo, que hacía la misma mímica con las manos.
Mi función era hacer de bailarina deprimente en el fondo, y no se me daba tan mal, hasta que alguna turra me empujó al frente y seguí bailando adelante y de espaldas al público.
Al final, el profesor hacía una corrección de la actividad. Le preguntó a todos los chicos: "¿Cuál fue el error fundamental de este grupo?". Todos respondieron a los gritos y señalándome: "¡LE DIO LA ESPALDA AL PÚBLICO! ¡JUAJUAJUAJIJIAJJOAJOAJOAJJJEJEJEJ!"


Los que me conocen, cuando me vean pídanme que baile como en esa clase y van a entender lo de "bailarina deprimente".

domingo, 24 de mayo de 2009

La pelopincho muerta

Un verano hace no muchos años, mi viejo, hermanos y yo estábamos jugando en la pelopincho olímpica de mi casa. Haciendo la plancha y pavadas así, por algún motivo mi papá nos explicó que en el mar, y especialmente en el mar muerto, es más fácil flotar debido a la sal.
Mis hermanos y yo nos entusiasmamos y dijimos -en chiste- "pongámosle sal a la pelopincho". La sorpresa fue que mi padre dijo "dale, traigan la sal gruesa".
Vació las cajas de sal gruesa y fina en la piletita, pero no fue suficiente.

martes, 17 de febrero de 2009

Puta

Yo tendría alrededor de 5 años cuando mis padres me acababan de comprar un oso de peluche negro con los ojos desnivelados y yo lo exhibía feliz en la casa de mi tía.
-¿Y qué nombre le vas a poner?
-...
-Dale, tiene que tener algún nombre.
-Teddy.
-Ay, qué grasa...

(a mi familia nunca le gustaron esos nombres boluditos que le ponen los niños a las cosas)

-Busi...

(carcajada general)

-¿Pipu?

(caras de mala onda)

-Dale, ponele un nombre decente.
-Bueno... se llama Pu... Pun... PUTA, SE LLAMA PUTA.


Y me retaron BOCHA.

viernes, 6 de febrero de 2009

El inodoro

Hasta mis nueve años aproximadamente compartí habitación con mis dos hermanos, los dos más chicos que yo. Tres años ella, seis él. Y si bien la mayor parte del tiempo nos matábamos, casi todas las noches hacíamos tregua para jugar. Y jugábamos a cosas muy locas.
El problema de nuestras diversiones nocturnas era que a mi viejo no le gustaba nada que nos estuviéramos riendo a los gritos y revoleando juguetes en nuestra hora de dormir. Lo que le sumaba emoción y adrenalina a los juegos, porque corríamos el riesgo de que en cualquier momento apareciera la autoridad a aplicar correctivos y obligarnos a descansar y dejar descansar.
Uno de nuestros juegos favoritos era el del inodoro. Personificábamos a unos niños que vivían en una dimensión paralela (la del inodoro) y atravesábamos los mundos girando sentados en el piso diciendo "ñeeeee" (el ruido del inodoro).
Era lo máximo, nos divertíamos y reíamos como locos hasta que aparecía mi papá para retarnos a los tres y teníamos que correr a la cama y ahogar la risa con las almohadas.

viernes, 19 de diciembre de 2008

¿¿CARNE??

Cuando estaba en sexto grado me fui de viaje a Villa Carlos Paz con mis compañeros de la escuela a modo de viaje de egresados prematuro, porque al año siguiente nos íbamos a cambiar todos de colegio y aparentemente nos queríamos mucho y necesitábamos compartir esa experiencia antes de separarnos.
La verdad que no podría haberla pasado peor.
En primer lugar, como yo era introvertida, orejona, pecosa y me gustaba Harry Potter, sufrí -y no por primera vez con esa gente- la forrada de ser excluida. En ese caso, del grupo de chicas con las que había planeado originalmente compartir la habitación. Las muy forras me reemplazaron por Marianela Cacciamani (una petisa mala onda con voz de pito, insoportable).
Así que no me quedó otra que dormir con las demás rechazadas. Dos de ellas eran amigas, tan perdedoras como yo, y la otra era una ex popular venida a menos por el odio, los celos y la envidia de las chicas más top. Se ve que ésta les ganaba en cool por sus souvenirs de Disney y su cuerpo más adolescente que el de las demás púberes, así que se cansaron y la desterraron.
Seguramente mi bronca por estar en esa habitación no se comparaba con la de esa pobre chica, que no tenía a quien refregarle sus tres valijas de ropa carísima, porque a nosotras nos importaba un pito.
A pesar de ése hecho desafortunado, y otras situaciones ridículas como que en un boliche me la pasé varias horas encerrada en el baño porque no me gustaba nada la guerra de espuma (me tuvo que ir a rescatar una mamá cuando ya se estaban subiendo al micro y no me encontraban), o que la ex popular desterrada a la habitación de las perdedoras me acusó de chorra porque le faltaba una media, hubo una secuencia tan genial que hasta el día de hoy sigue siendo mi recuerdo más grato de ese viaje pedorro.
Yo disfrutaba mucho de volver loca a Ana, una de mis amigas y compañeras de ese cuarto desafortunado. Desde asustarla con la máscara del asesino de Scream hasta llenar la pileta del baño con sus pulóveres.
Uno de los días más aburridos de toda esa semana, Ana se estaba bañando y con Agustina, mi otra compañera, le hicimos una broma. Mientras cantaba una canción de Ricky Martin en la ducha, nosotras le desordenamos todo el bolso, y después de dejar a la vista una notita, nos escondimos abajo de las camas.
La nota decía: "Querida Ana: tomamos prestada tu ropa para ir a comprar carne. Esperanos. Te queremos. Guada y Agus".
Cuando Ana salió del baño, lo primero que hizo fue agarrar la nota. Lo graciosísimo fue que dijo "¿¿¡CAAAARNE!??" en voz alta y desnuda en la pieza.
Después apareció otra chica en el cuarto, Ana le dio la nota y la chica también dijo "¿¿¡CAAAARNE!??".
Ahí me empecé a reír tanto que me descubrieron abajo de la cama. No recuerdo si Ana se puso a llorar o algo así.
Y bueno, ese es el mejor recuerdo que tengo de la primaria.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Harry Potter

Cómo muchos de mis conocidos saben, entre los 11 y los 14 años fui una fanática trastornada de Harry Potter.

En el colegio me veían como una freak y me apodaron Harry por mucho tiempo.

Todavía sigo siendo fan, pero ya no uso remeras con su cara, mi pieza no está empapelada de posters, y por suerte una pizca de sentido común me impidió tatuarme un rayo en la frente a los 13 años.

Por suerte no era la única. Una vez, mi mamá me fue a buscar a la escuela con el cuarto libro de la saga recién comprado, que yo había esperado desesperadamente.

Fuimos a la parada del micro, donde estaban unas chicas de mi colegio, más grandes, con las que nunca había hablado. Yo estaba como loca con mi libro nuevo en la mano, y de repente alguien se me acerca por detrás, me espía, y automáticamente le grita a las chicas: ¡EL CUARTO LIBRO DE HARRY POTTER!

Nos pusimos todas locas, gritamos, y armamos un club de fans. En las reuniones comíamos muchas golosinas y hacíamos ping pongs de preguntas y respuestas para ver quién sabía más de los libros. Yo gané muchas veces.

Cuando se estrenó la película, fuimos todas con las credenciales del club. No me acuerdo si algunas se disfrazaron o era otro club de fans.

En la entrega de los Oscars en la que la película estuvo nominada a mejor música y vestuario, y -injustamente- no recibió una mísera estatuilla, lloré como una loca.

Yo nunca tuve ni tengo ni voy a tener vida.